Acostumbrado al recuerdo
y olvidado de la infancia
acaricio la tibieza de unas manos
hijas del río o de la sombra
de tantos soles y espumas
que parecen mulatas de la tierra
y el cielo.
Martillo con pie firme cada
centímetro de esta tierra
vientre de cascajo
y prendido en los recodos de
cualquier quebrada
amanezco constante y atardezco
eterno
como ausente de tantas noches
de llamadas y de versos
para buscarte en cualquier hoja
o un rancho cubierto de sueños
así sos vos,
con los cachetes empolvados y
el pelo encrespado a fuerza de
sudor y montaña
una raíz quejumbrosa, tendida
entre el zacate
y dormida al son de una matraca
o de un bonguero
De las sabanas implacables
y los montes interminables
nací yo
hijo del valle y la neblina
para encontrarte entre todos
estos autos
como una palma o como un jiguero
como las calles ardidas entre
cada verano
y como noche oscura
con las lunas de tus ojos
enfrentadas a la bicicleta del
recuerdo
que cada martes recorre el mismo
camino para encontrarte
a luz de la memoria
Así es esa tierra de maíz
de arroz, de caña brava
polvo que vuela
y polvo que cae con la madrugada
arrepentido gris
azul carbonizado por el sol
cantera de noches y de copas
edades del color del pujagua
y que de noche se fermenta
al pasar por las vitrinas y las
barras
para ascender entre vapores hasta
el cielo
y tirarse en carrera desde el
monte de la cruz
hasta el tempisque
y ahogarse en el golfo y el
estero
así sos vos
brazos de selva, de bosque seco
mirada de coyote y voz de congo
retumbo solitario del alma
que a gritos me la arranca
y me la devuelve tallada
y cóncava
para que la sople la dicha
y cante con el sabanero
las bitácoras del cascajal
como un himno a la ocarina
y una marcha a la nobleza.
Acá la bitácora original, editada por la edad. Gracias hermano Godínez por el intertexto.
ResponderEliminarBITÁCORAS DEL CASCAJAL
Me preparo, con los zapatos sucios,
la espera vencida y una acostumbrada a transitar
sin licencia ni vergüenza.
Llevo en la mochila juguetes de barro y caderas absolutas
para no confundirme con un comprasueños perdido en necedades.
Hijo del Cascajo, del Río y de mis ambiciones.
Buscame en el recodo polvoriento del camino
Escapando en la bicicleta de un verso
o en la raíz de tu poema,
en tu llanto abrupto
o la palma de tu mano.
Igual que hace 17 años, me conmovió. Ya estamos en la adolescencia de nuestro verso.
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