Quizás porque soy un viejo barco te miro a ti, mi último
faro. El más pequeño de la casa pero el más valiente en el ocaso. Sobreviviente
de mil tormentas con una risa que lo cura todo, así te enfrentas a la vida con
una sonrisa, un Aquiles de andar por
aquí y por allá
Y no sé qué traerá el mañana, ni qué viento soplará en la
proa. Pero lo que venga, hijo mío, juntos lo miraremos a la cara. Tú con valor,
yo a tu lado, como dos húsares alados que van a salvar, las puertas de Viena de
un tal Mustafá
A veces eres viento de marzo, un huracán que cambia de
rumbo. Voluble, sí, como la marea, pero esa es la gracia de tu mundo. Nadie es
de piedra en esta vida, y en tu temperamento indomable brilla más fuerte tu
grandeza, como espadas que chocan y velas que flotan hacía el confin del mar
Y no sé qué traerá el mañana, ni qué viento soplará en la
proa. Pero lo que venga, hijo mío, juntos lo miraremos a la cara. Tú con valor,
yo a tu lado, como dos húsares alados que van a salvar, las puertas de Viena de
un tal Mustafá
Y cuando me toque hacerme a la mar, cuando mi voz se vuelva
silencio... No subiré con las manos vacías a buscar un rincón en el cielo.
Me llevaré grabado en el alma el sagrado mapa de tus manos.
Y ese pelo tuyo rizado, mis tesoros en el océano, mi uniforme y mis medallas de
padre abnegado. Contigo siempre, hijo mío. Contigo siempre, pero nosotros
seremos dos lado a lado.
Y no sé qué traerá el mañana, ni qué viento soplará en la
proa. Pero lo que venga, hijo mío, juntos lo miraremos a la cara. Tú con valor,
yo a tu lado, como dos húsares alados que van a salvar, las puertas de Viena de
un tal Mustafá
No hay comentarios:
Publicar un comentario