martes, 16 de junio de 2026

 

 

Quizás porque soy un viejo barco te miro a ti, mi último faro. El más pequeño de la casa pero el más valiente en el ocaso. Sobreviviente de mil tormentas con una risa que lo cura todo, así te enfrentas a la vida con una sonrisa,  un Aquiles de andar por aquí y por allá

Y no sé qué traerá el mañana, ni qué viento soplará en la proa. Pero lo que venga, hijo mío, juntos lo miraremos a la cara. Tú con valor, yo a tu lado, como dos húsares alados que van a salvar, las puertas de Viena de un tal Mustafá

A veces eres viento de marzo, un huracán que cambia de rumbo. Voluble, sí, como la marea, pero esa es la gracia de tu mundo. Nadie es de piedra en esta vida, y en tu temperamento indomable brilla más fuerte tu grandeza, como espadas que chocan y velas que flotan hacía el confin del mar

Y no sé qué traerá el mañana, ni qué viento soplará en la proa. Pero lo que venga, hijo mío, juntos lo miraremos a la cara. Tú con valor, yo a tu lado, como dos húsares alados que van a salvar, las puertas de Viena de un tal Mustafá

Y cuando me toque hacerme a la mar, cuando mi voz se vuelva silencio... No subiré con las manos vacías a buscar un rincón en el cielo.

Me llevaré grabado en el alma el sagrado mapa de tus manos. Y ese pelo tuyo rizado, mis tesoros en el océano, mi uniforme y mis medallas de padre abnegado. Contigo siempre, hijo mío. Contigo siempre, pero nosotros seremos dos lado a lado.

Y no sé qué traerá el mañana, ni qué viento soplará en la proa. Pero lo que venga, hijo mío, juntos lo miraremos a la cara. Tú con valor, yo a tu lado, como dos húsares alados que van a salvar, las puertas de Viena de un tal Mustafá

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