jueves, 18 de junio de 2026

 


Antes de guardar tu nombre,
ya guardaba tu calor.
Antes de entender el mundo,
me alimenté de ti, mi amor.

Dicen que Dios, cansado de infinitos,
quiso tocar la tierra con sus pies
y en ese gesto antiguo y proscrito
se dio a si mismo una madre a la que querer

Pero yo no necesito teología
para saber lo que sos
eres la primera geografía
eres el mapa de Mercator

me hiciste más grande de lo que era
y no te quejaste, ni de tiempo ni dolor
achicarte para que yo cupiera

en tu mundo y corazón.

Tu alma es un abismo.
lleno de paz y compasión

agua que lava las heridas
unas rodillas que fueron colchón

Gracias por los sueños que guardaste
doblados como cartas sin enviar.
Perdón por las tormentas que aplacaste

Ahora me toca a mi aparentar

Que los grandes no tienen hambre

Que ya comimos, que no quiero más

El tiempo, ese ladrón sin rostro,
se lleva todo alegrías y padecer
Pero tu amor, tu paciencia y tus consejos
no los pudo hacer desaparecer

Pero yo no necesito teología
para saber lo que sos
eres la primera geografía
eres el mapa de Mercator

me hiciste más grande de lo que era
y no te quejaste, ni de tiempo ni dolor
achicarte para que yo cupiera

en tu mundo y corazón.

Tu alma es un abismo.
lleno de paz y compasión

agua que lava las heridas
unas rodillas que fueron colchón


Te quiero con la exactitud
de quien sabe que sin ti, nada va

Ni tiempo ni viajes ni galaxias

Ni Misa de 3 o café con pan

Pero yo no necesito teología
para saber lo que sos
eres la primera geografía
eres el mapa de Mercator

me hiciste más grande de lo que era
y no te quejaste, ni de tiempo ni dolor
achicarte para que yo cupiera

en tu mundo y corazón.

Tu alma es un abismo.
lleno de paz y compasión

agua que lava las heridas
unas rodillas que fueron colchón

martes, 16 de junio de 2026

 

 

Quizás porque soy un viejo barco te miro a ti, mi último faro. El más pequeño de la casa pero el más valiente en el ocaso. Sobreviviente de mil tormentas con una risa que lo cura todo, así te enfrentas a la vida con una sonrisa,  un Aquiles de andar por aquí y por allá

Y no sé qué traerá el mañana, ni qué viento soplará en la proa. Pero lo que venga, hijo mío, juntos lo miraremos a la cara. Tú con valor, yo a tu lado, como dos húsares alados que van a salvar, las puertas de Viena de un tal Mustafá

A veces eres viento de marzo, un huracán que cambia de rumbo. Voluble, sí, como la marea, pero esa es la gracia de tu mundo. Nadie es de piedra en esta vida, y en tu temperamento indomable brilla más fuerte tu grandeza, como espadas que chocan y velas que flotan hacía el confin del mar

Y no sé qué traerá el mañana, ni qué viento soplará en la proa. Pero lo que venga, hijo mío, juntos lo miraremos a la cara. Tú con valor, yo a tu lado, como dos húsares alados que van a salvar, las puertas de Viena de un tal Mustafá

Y cuando me toque hacerme a la mar, cuando mi voz se vuelva silencio... No subiré con las manos vacías a buscar un rincón en el cielo.

Me llevaré grabado en el alma el sagrado mapa de tus manos. Y ese pelo tuyo rizado, mis tesoros en el océano, mi uniforme y mis medallas de padre abnegado. Contigo siempre, hijo mío. Contigo siempre, pero nosotros seremos dos lado a lado.

Y no sé qué traerá el mañana, ni qué viento soplará en la proa. Pero lo que venga, hijo mío, juntos lo miraremos a la cara. Tú con valor, yo a tu lado, como dos húsares alados que van a salvar, las puertas de Viena de un tal Mustafá

 

Caminas por un laberinto que parece no tener centro,

como en aquel cuento de Borges,

pero hecho de espejos tuyos.

 

Yo también fui ese minotauro asustado en su propia oscuridad,

también sentí que el mundo era un cuarto que se encogía.

No sé qué te duele hoy, ni qué murmullo te roba el sueño,

pero conozco el peso de esa mochila, pues también yo fui viajero.

 

Aquí estoy, en la orilla de tu tempestad.

No me voy a ir, no me voy a rendir.

Pero el amor no es alfombra para pisar

mi abrazo es incondicional,

el respeto hará lo demás.

 

Quizás atraviesas tu propia metamorfosis,

despertando en un cuerpo y una mente que aún no comprendes.

Quiero ser tu faro en la niebla, no tu camino.

Quiero ser tu puerto, no el misterio ni el adivino.

La confusión no es licencia para el desprecio,

y aunque mi paciencia es un océano,

cada mar tiene su playa y su confín.

 

Aquí estoy, en la orilla de tu tempestad.

No me voy a ir, no me voy a rendir.

Pero el amor no es alfombra para pisar

mi abrazo es incondicional,

el respeto hará lo demás.

Como decía Cortázar,

a veces hay que desarmar el reloj para entender el tiempo.

Desármalo, hijo, tómate el tuyo, rómpelo si hace falta.

Yo estaré aquí.

Y cuando salgas de tu bosque oscuro,

como Dante ante los infiernos,

verás que no te dejé solo,

te di una brújula, no una jaula.

 

Marcar un horizonte es mi deber

y cuando pase la tormenta entenderás,

que no es lo mismo aventurarse a la mar,

si nunca tuviste un alma en tierra firme

cuidándote de no naufragar.

 

Aquí estoy, en la orilla de tu tempestad.

No me voy a ir, no me voy a rendir.

Pero el amor no es alfombra para pisar

mi abrazo es incondicional,

el respeto hará lo demás.